Elección y promesas
La elección y llamada de Dios a Abraham, y su respuesta fiel, constituyen el prototipo de la fe en el mismo Dios y en sus promesas. El pueblo de los descendientes de Abraham será el custodio de esas promesas y de la ejemplaridad de la fe para todos los pueblos.
El pueblo de Israel subraya la paternidad de Abraham, el "amigo" de Dios (cfr. Is 41,8). El cristianismo acentúa su fe (paternidad espiritual) y el significado para la historia de la salvación. Los musulmanes recalcan la "sumisión" al Dios único y la historicidad de la revelación.
Las narraciones bíblicas sobre Abraham (Génesis, desde 11,29 hasta 25,10) recogen diversas tradiciones (yavista, eloísta, sacerdotal), conservando los datos esenciales históricos que dejan entrever su significación teológica.
El patriarca abandona su tierra (en Mesopotamia) para pasar a la tierra de Canaán (Mamré y Hebrón), movido por la promesa de bendición, que se extenderá "a todos los linajes de la tierra" (Gen 12,2). Dios probó su fidelidad pidiéndole la disponibilidad para sacrificar en el monte Moriá a su hijo Isaac, nacido de Sara por gracia especial de Dios.
La fe de Abraham
Resalta siempre la fe de Abraham (Gen 15,6) y su hospitalidad (Gen 18,1-15). Son también importantes para comprender esta fe, la ida a Egipto, la separación de Lot, la bendición y sacrificio de Melquisedec (rey de Salem), la renovación de las promesas y de la Alianza, las escenas del nacimiento de Ismael (del que descenderán pueblos "árabes"), la teofanía (los tres jóvenes) en Mambré (con la promesa del nacimiento de Isaac), la intercesión por Sodoma y Gomorra, el nacimiento de Isaac, la compra de la cueva de Makpelá para enterrar a su esposa Sara, el casamiento de Isaac, la descendencia de Ismael.
Según la fe cristiana, contenida en los escritos del Nuevo Testamento, la figura de Abraham es emblemática como modelo de la fe en las promesas (cfr. Rom 4,13-25; Gal 3,6-18). Jesús invita a imitar esta fe para creer en el Mesías que ya ha llegado (cfr. Jn 8,56-59). La fe de Abraham no tiene lógica humana, porque "esperando contra toda esperanza, creyó y fue hecho padre de muchas naciones" (Rom 4,18).
Universalismo de la promesa
Redescubriendo esta fe de Abraham e insertándose más en ella, todos los pueblos (y especialmente las religiones monoteístas), caminarán hacia el encuentro con Cristo, que es el objetivo de todas las promesas y el verdadero heredero o "descendencia" de Abraham (cfr. Gal 3,16). Todo bautizado, procedente o no del antiguo pueblo de Israel, es heredero de las promesas e hijo de Abraham por la fe que le "injerta" en Cristo (cfr. Rom 6,3-5; Gal 3,15-29; Heb 11,17-19). Pero todo cristiano debe reflejar en su vida la fe de Abraham en su dimensión histórico-salvífica hacia Cristo, para ser signo de que las promesas se han cumplido en el mismo Cristo.
Referencias: Alianza, Antiguo Testamento, elección, hebraísmo,
Islam, Israel.
Lectura de documentos: CEC 59-61, 145-146, 165, 2270-227.
Bibliografía: AA.VV., Abrahan, Père des croyents
(Paris, Cahiers Sioniers, 1953) 2; H. CAZELLES, E. COTHENET, etc, Abraham,
en: Diccionario de las Religiones (Barcelona, Herder, 1987) 14-19;
R. MARTIN-ACHARD, Actualité d'Abraham (Paris-Neuchâtel
1969); A. GONZALEZ NUÑEZ, Abraham, Padre de los Creyentes
(Madrid, Taurus, 1963); R. De VAUX, Historia antigua de Israel (Madrid,
Cristiandad, 1975; S. VIRGULIN, Abrahán, en: Nuevo Diccionario
de Teología Bíblica (Madrid, Paulinas, 1990) 24-31.