En toda la historia humana aparece una lucha misteriosa entre las fuerzas del bien y las fuerzas el mal. En la práctica es una lucha contra los planes de Dios, reflejada en los escritos apocalípticos ya antes del cristianismo. Esta lucha se concreta en una oposición sistemática contra Cristo, especialmente en los momentos históricos de cambio que preanuncian un final de la historia. Al final de los tiempos aparecerán falsos maestros y falsas doctrinas, con la característica de una fuerza misteriosa de seducción (2Jn 7). En cierto modo, es una realidad siempre "presente en el mundo" (1Jn 4,3).
Antes de la venida de Cristo, al final de los tiempos, la Iglesia tendrá que afrontar grandes pruebas (cfr. Mt 24,11-13; 2Tes 2,4-12). En realidad, toda la historia de la Iglesia está llena de persecuciones y de pruebas (cfr. Jn 15,20-23.33). En medio de estas tribulaciones, no faltarán quienes se presente "en nombre" de Cristo, como falsos Mesías (cfr. Lc 21,8).
Durante la historia, se ha ido aplicando la figura del "Anticristo" de modo personal o colectivo. Antiguamente se aplicó este calificativo al Imperio romano (por ser perseguidor). Algunos movimientos "espiritualistas", "pauperistas" o "reformadores", lo aplicaron a la Iglesia institucional o visible. Algunas sectas actuales usan el texto del Apocalipsis sobre la "bestia" (el número 666), para aplicarlo al papado o a la Iglesia visible (cfr. Apoc 13).
El misterio del mal en el mundo es "misterio de iniquidad" (2Tes 2,7), con una dinámica interna que tiende hacia la "apostasía" generalizada, con las tácticas del engaño. Personas o grupos e instituciones pueden asumir el papel de suplantar a Dios y a su Cristo. Será "la venida del Anticristo" (1Jn 2,18). Esa figura, personal o colectiva, se caracteriza por la "negación" de Cristo y del Padre que lo ha enviado (cfr. 1Jn 2,22).
Esta falsedad radical supone una acción peculiar del espíritu del mal (cfr. 2Tes 2,9), hasta el punto de presentar el mal como virtud, el materialismo como bien absoluto, el hombre suplantando a Dios. Es la acción opuesta al Espíritu Santo como Espíritu de amor. La única fuerza capaz de neutralizar todo tipo de falsos "mesianismos" y de "apostasías", es la fe (1In 5,4), traducida en un "conocimiento de Cristo vivido personalmente" (VS 88).
Referencias: Apocalipsis, demonio, mal, Mesías, milenarismo,
pecado, tentación, satanismo.
Lectura de documentos: GS 20-21; CEC 675-676.
Bibliografía: J. MICHL, Anticristo, en: Diccionario
de teología bíblica (Barcelona, Herder, 1985) 88-93;
R. PESCH, Anticristo, en: Sacramentum Mundi (Barcelona, Herder,
1972ss) I, 176-179; B. RIGAUX, Les épîtres aux Thesaloniciens,
(Paris 1956) 247-280.