Misión y anuncio
La misión que Jesús ha comunicado a su Iglesia se realiza principalmente por medio del anuncio explícito, acompañado siempre del testimonio (cfr. Lc 4,15-19.43; Mt 28,19). "El anuncio tiene la prioridad permanente en la misión; la Iglesia no puede substraerse al mandato explícito de Cristo; no puede privar a los hombres de la "Buena Nueva" de que son amados y salvados por Dios" (RMi 44; cfr. AG 13).
El anuncio del evangelio no es una simple exposición de una doctrina, sino la presentación de Cristo resucitado presente como llamada a la fe y, por tanto, a la conversión y al bautismo. Por el anuncio y el testimonio, los creyentes realizan la función profética de la Iglesia. Por esto, "la Iglesia está llamada a dar su testimonio de Cristo, asumiendo posiciones valientes y proféticas" (RMi 43).
El "kerigma", primer anuncio
Se proclama el mensaje evangélico de Jesús (el "kerigma"), para insertarlo en la realidad humana concreta. El anuncio misionero es para que llegue a todos los hombres y éstos puedan encontrar a Cristo. La prioridad del anuncio se basa en la eficacia de la misma palabra de Dios (cfr. RMi 44), que reune a la comunidad como Pueblo de Dios, para celebrar los misterios de Cristo y para vivir según las exigencias del evangelio. Anuncio y testimonio son dos aspectos de la misma realidad evangelizadora: "Evangelizar es, ante todo, dar testimonio de una manera sencilla y directa, de Dios revelado por Jesucristo mediante el Espíritu Santo" (EN 26).
Anuncio y testimonio
El anuncio va acompañado del testimonio, a ejemplo del Señor: "Jesús hizo y enseñó" (Hech 1,1). Los signos acompañan a las palabras: "A este Jesús le resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos" (Hech 2,32). La prioridad del testimonio arranca del hecho de ser expresión viva del mismo mensaje.
El anuncio y la inserción de la Palabra en la circunstancias humanas reclama la vivencia de la misma. "El hombre contemporáneo cree más en los testigos que en los maestros... el testimonio de vida cristiana es la primera e insustituible forma de misión" (RMi 42). De ahí la prioridad del testimonio ("primer medio", "primera forma"), como parte integrante de la misma proclamación (cfr. Mc 16,20).
Universalismo del anuncio
El dinamismo misionero del anuncio se concreta en proclamar a todos los pueblos el misterio de Cristo como revelador del misterio del hombre y de la historia humana (Heb 1,1; Ef 1-3; GS 22,24,35). El anuncio, acompañado del testimonio es una llamada a abrirse ("convertirse") a estos planes salvíficos de Dios en Cristo. Cuando se hace este servicio como "primer anuncio", tiene lugar la evangelización "ad gentes".
Todos los seres humanos, por el hecho de ser redimidos por Cristo, aunque no tienen derecho a la fe (que es un don gratuito), sí "tienen derecho" (EN 80) a escuchar, por el anuncio evangélico, que el Verbo ya se ha hecho hombre y que nosotros "hemos visto su gloria" (Jn 1,14). La urgencia del anuncio, además de provenir del mandato del Señor, encuentra su fuerza en "la caridad de Cristo" (cfr. 2Cor 5,14). "Del conocimiento amoroso de Cristo es de donde brota el deseo de anunciarlo, de evangelizar, y de llevar a otros al sí de la fe en Jesucristo. Y al mismo tiempo se hace sentir la necesidad de conocer siempre mejor esta fe" (CEC 429).
Referencias: Diálogo interreligioso, evangelización,
homilía, kerigma, Palabra de Dios, predicación, profetismo,
Reino, testimonio.
Lectura de documentos: AG 11-13; EN 15, 21-22, 41-43, 51-53;
RMi 42-45; CEC 429, 852, 875; TMA 38.
Bibliografía: AA.VV., Servidores de la Palabra
(III Semana Sacerdotal Claretiana) (Vic 1990); D. BARSOTTI, Misterio
cristiano y palabra de Dios (Salamanca, Sígueme, 1965); J. ESQUERDA
BIFET, Profetismo cristiano, servidores de la palabra (Barcelona,
Balmes, 1986); Idem, La Paraula contemplada esdevé missió:
Revista Catalana de Teologia 14 (1990) 367-378; D. GRASSO, Teología
de la predicación (Salamanca, Sígueme, 1966); L. MALDONADO,
El menester de la predicación (Salamanca 1972); J. RATZINGER,
Palabra en la Iglesia (Salamanca 1976); O. SEMMELROTH, La palabra
eficaz. Para una teología de la predicación (San Sebastián
1967).