Expresión de la belleza de la creación
Todos los seres del cosmos son partículas de verdad y de bien, como reflejo de la verdad y bondad infinito de Dios creador. La creación es bella porque es buena (cfr. Gen 1,3.25.31). Tanto la verdad como el bien producen una sensación de serenidad y de gozo que es difícil expresar. Por esto decimos que las cosas son "bellas": materialmente, espiritualmente, moralmente.
Todas las cosas expresan el "esplendor" o "gloria" de Dios, "pues fue el Autor mismo de la belleza quien las creó" (Sab 13,3). En la revelación (que mira siempre hacia el Verbo encarnado) es donde aparece mejor esta "belleza" y "gloria" de Dios, que invita a ser "contemplada" (cfr. Jn 1,14). Cristo, "desfigurado" en la cruz (Is 52,14), llega a ser, por la resurrección, "el más hermoso de los hombres" (Sal 44,3).
Toda expresión de la verdad y del bien entraña ese sentimiento "estético", dependiente de la objetividad de las cosas, también transformadas por el hombre, y que podrá traducirse por medio de diversas manifestaciones artísticas: literatura, pintura, arquitectura, escultura, música, danza... El hombre "arranca", en cierto modo, la belleza oculta de las cosas, para hacerla más patente. De este modo, "por la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor" (Sab 13,5).
El arte sacro en la comunidad eclesial y humana
El arte es una forma de expresión humana, que, inspirándose en la verdad y bondad de las cosas, continúa la acción creadora de Dios, y se manifiesta con "gratuidad", sin ansias directas de lucro y de utilidad inmediata. Es una especie sabiduría práctica que se plasma en diversas expresiones de belleza, como arrancando de las cosas su mismo misterio. Se llama arte sacro cuando se expresa con signos de belleza (dignidad y decoro), que invitan a vivir la fe, celebrar los misterios de Cristo, orar, amar a Dios y a los demás hermanos de la comunidad eclesial y humana; entonces se construye propiamente la comunidad cristiana como templo del Espíritu (cfr. SC 122-129).
La música y el canto son una de las expresiones privilegiadas de la belleza y del arte, especialmente cuando es el lenguaje humano el que quiere convertirse en canto para manifestar la relación con Dios. Entonces el canto se hace doblemente oración, porque es un himno de la Iglesia que camina hacia el encuentro definitivo. Así sucede, de modo especial, en el canto gregoriano y en otras expresiones de música sacra precisamente por sintonizar mejor con la acción litúrgica (cfr. SC 112-121).
En el proceso evangelizador
La reflexión teológica necesita este aspecto estético (especialmente en el lenguaje bello y respetuoso, sin tácticas estratégicas), para garantizar que se busca la verdad y el bien. No habría reflexión teológica sin el sentido de admiración del misterio (que se respeta como base de la reflexión). Dios se da con "gratuidad", porque es Amor, y sólo se le puede encontrar con una actitud de "gratuidad". Hay mucha teología en los grandes poetas y místicos de la historia (San Juan de la Cruz...).
El proceso evangelizador es verdaderamente inculturado, si llega a las expresiones artísticas de un pueblo. Entonces se señal que el evangelio ha sido captado por la cultura, dentro de un itinerario de valoración, purificación o selección y perfeccionamiento. Aunque "la Iglesia nunca consideró como propio estilo artístico alguno", las expresiones artísticas de un pueblo pueden y deben ser instrumentos válidos para manifestar la fe y la vida cristiana, hasta llegar a ser "un tesoro artístico digno de ser conservado cuidadosamente" (SC 123).
Referencias: Creación, culto, cultura, gloria de Dios,
imágenes, inculturación, liturgia, santuarios (templos).
Lectura de documentos: GS 62; SC 112-129; IM 6,13; CEC 1156-1158,
2500-2503.
Bibliografía: H.U. Von BALTHASAR, Una estética
teológica (Madrid, Encuentro, 1985-1989) 7 volúmenes;
M. BARBOSA, El arte sacro, en: La sagrada liturgia renovada por
el concilio (Madrid, BAC, 1975) 741-762; R. GUARDINI, Sobre la esencia
de la obra de arte (Madrid, Guadarrama, 1960); I. HERWEGEN, Iglesia,
arte, misterio (Madrid, Guadarrama, 1960); A. LOPEZ QUINTAS, Estética
de la creatividad: juego, arte, cultura (Madrid, Cátedra, 1977);
S. PETSCHEN, Europa, Iglesia y patrimonio cultural (Madrid, BAC,
1996); J. PLAZAOLA ARTOLA, Historia y sentido del arte cristiano
(Madrid, BAC, 1996); J. SANTAYANA, El sentido de la belleza (Barcelona,Montaner
y Simón, 1968).